Thu, 24 Sep 2026
A lo largo de mi recorrido artístico hay artistas que marcaron profundamente mi trayectoria y que siguen presentes en mi forma de mirar y crear.
El primero es César Manrique, ese gran artivista que no solo desplegó una enorme creatividad, sino que también protegió su isla natal, Lanzarote, de la expansión descontrolada del cemento y la especulación turística, al menos durante un tiempo… Con sus ideas, su amor por la naturaleza, su alegría de vivir y su lucha ambiental, dejó una luz inspiradora que sigue viva en mi práctica artística.
Otro referente fundamental ha sido Friedensreich Hundertwasser, arquitecto, pintor y artivista ambiental austriaco, que dio completamente la vuelta a mi percepción. Sus "árboles inquilinos", su rechazo a las líneas rectas —«las líneas rectas son para las máquinas»— y su visión de un suelo ondulante como una "armonía para los pies" transformaron mi manera de entender el espacio y la forma. Incluso viajé a Austria expresamente para visitar su museo. Sus colores vibrantes, su defensa del planeta y sus obras, donde la naturaleza, las ballenas y la vida orgánica se expanden, siguen inspirándome hoy.

Más tarde, con mi llegada a Londres en 2002, descubrí a Banksy. Recuerdo ir en la guagua (autobús, para quienes no sean de Canarias) y ver por primera vez una de sus imágenes: John Travolta y Samuel L. Jackson sosteniendo un plátano. Quizás me impactó tanto porque acababa de llegar de Tenerife a esta gran ciudad. Aquellas figuras sujetando un plátano amarillo a modo de arma, en medio del gris urbano, despertaron toda mi curiosidad.

Cada día, de camino al trabajo o a mis clases de inglés, volvía a encontrar alguna de sus obras. Veía aquel nombre, Banksy, sin comprender del todo quién estaba detrás. Pregunté, investigué y así descubrí sus inicios, sus intervenciones misteriosas y esa crítica social inteligente y audaz que impregnaba todo su trabajo. Me pareció uno de los artistas más comprometidos que había conocido. Empecé a comprar libros sobre sus intervenciones, a ver sus documentales y a seguir su trayectoria. Con el tiempo, aunque alrededor de su figura hayan crecido el marketing y la industria del arte, sigue siendo un creador que me impresiona profundamente. Su obra continúa señalando con precisión las heridas de nuestra sociedad, con un lenguaje visual que solo él supo construir de esa manera.
Si hay una artista que sigue emocionándome cada vez que vuelvo a ella, esa es Frida Kahlo. Su obra, tan cercana y profundamente humana, siempre me recuerda que el arte puede ser un refugio, una forma de transformar el dolor en belleza y de celebrar la vida incluso en medio de la adversidad. Me inspira su honestidad radical, la intensidad de sus colores, la fuerza simbólica de sus imágenes y, sobre todo, sus inmensas ganas de vivir. Frida convirtió su propia existencia en un lenguaje artístico, y esa capacidad de crear desde lo más íntimo continúa acompañándome.

Con el paso de los años también he ido descubriendo a muchas otras artistas que hoy forman parte de mi universo creativo. Curiosamente, la mayoría llegaron a mí mucho después de terminar la Facultad de Bellas Artes. Allí estudiamos durante años la historia del arte, pero apenas conocimos el trabajo de tantas mujeres extraordinarias que realizaron aportaciones fundamentales. Esa ausencia me hizo comprender cuánto queda todavía por revisar y visibilizar. A día de hoy sigo echando en falta esas referentes femeninas que nunca aparecieron en mis años de formación.
Me inspiran creadoras tan diversas como Artemisia Gentileschi, María Sibylla Merian, Tamara de Lempicka, Hilma af Klint, Georgia O'Keeffe, Tracey Emin, Leonora Carrington, Remedios Varo, Louise Bourgeois, Pino Ojeda, Jane Millares Sall o Hyuro. Cada una, desde su tiempo, su lenguaje y su mirada, abrió caminos para las que vinimos después.
Podría seguir nombrando muchas más, porque la lista no deja de crecer. Descubrir sus vidas y sus obras ha sido también una forma de reconstruir mi propia genealogía artística, de encontrar una familia creativa que durante mucho tiempo permaneció invisibilizada.

Por eso siento el deseo de darles espacio en este diario. Quiero compartir su trabajo, aprender de ellas y, aunque sea humildemente, contribuir a que sus nombres sigan vivos. Porque conocerlas no solo enriquece nuestra mirada sobre la historia del arte, sino que también ofrece referentes a las nuevas generaciones de artistas, especialmente a las mujeres que comienzan a crear y buscan reconocerse en quienes abrieron el camino antes que ellas.
Cada una abrió caminos para las que vinimos después...